El Nuevo Diario

Conversatorio sobre Literatura Joven Nicaragüense

El pasado viernes 22 de agosto se realizó en Managua un Conversatorio sobre Literatura Joven Nicaragüense, en el marco del V Simposio sobre el habla y la literatura nicaragüense, organizado por el Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias del Departamento de Español de la UNAN-Managua. Ofrecemos a los lectores una versión condensada del mismo.

Ricardo Orúe Álvarez ( Moderador): En Nicaragua un grupo de gente joven insiste en crear, en expresarse, en proponer. Ésta es una realidad que evidencian las numerosas antologías, los distintos grupos literarios, los talleres literarios, publicaciones de libros, eventos literarios de distintos tipos, y la internet, que ha sido usada como medio de divulgación artística. Sin embargo, esa innegable presencia de vitalidad creadora parece no generar ningún tipo de reflexión formal, lo que no se entiende considerando la cantidad y diversidad de gente joven.
Algunas ideas sobre las cuales valdría la pena reflexionar son: las motivaciones, la formación literaria, relaciones de los jóvenes con generaciones literarias anteriores, los medios de publicación y la calidad literaria. Hablar de todos estos temas es una necesidad porque mientras todos estos jóvenes están creando no hay un conjunto de voces que digan de manera formal, qué significado tiene esta actividad para la literatura nacional y el desarrollo de la misma. Dicho de otra manera, no se está hablando de las voces que están construyendo la literatura nacional, ya que los debates se han quedado en definir lo que le dio identidad a nuestra literatura en el siglo XX.
Quizás los jóvenes estén siguiendo ese mismo modelo de concebir y hacer literatura, o quizás estén proponiendo una nueva teoría y práctica, quizás ni siquiera ninguna de esas dos variantes se presente, y los actos creativos de los jóvenes no entrarán en nuestra literatura y quedarán en pasiones o poses juveniles. No tenemos respuestas serias a estas interrogantes, y mientras no surja un debate formal, seguirán sin existir. Así que, con el objetivo de darle inicio a ese debate formal, hemos escogido algunos ejes temáticos que permitan una valoración de la literatura joven. Reitero estos aspectos a valorar: motivación, formación, publicación, relaciones intergeneracionales y, quizá como aspecto fundamental, calidad. Bienvenidos sean entonces nuevamente a este momento en el que pretendemos dar inicio a un debate necesario para conocer la situación de nuestra literatura y el rumbo de la misma.
A continuación, presentaremos de manera formal a las personas que han aceptado participar en esta actividad: Víctor Ruiz, estudiante de la carrera de Lengua y Literatura Hispánica, en la UNAN- Managua, autor de La vigilia perpetua, libro de poesía próximo a publicarse; Ulises Juárez Polanco, escritor y traductor, ha escrito el libro de cuentos Siempre llueve a mitad de la Película; Ana Gabriela Padilla, autora de cuentos, artículos, reseñas literarias y poesía; Eunice Shade, poeta, escritora y periodista, ha publicado el libro de narrativa El texto perdido y el poemario Escaleras Abajo; Carlos Mayorga Castro, quien ha publicado algunos poemas en “La Prensa Literaria”, en las revistas “Iguazú” y “Voces Nocturnas”; está incluido en la Antología de poetas de la UNI “Círculo Caótico”, y el poeta Iván Uriarte, autor de diez libros, siete de poesía, siendo Imágenes para Dalí su más reciente publicación poética. La primera pregunta para este conversatorio es: ¿Cuánto hay de auténtica vocación literaria y cuánto de pose o esnobismo en los representantes de los diversos grupos o tendencias de la literatura joven?
Víctor Ruiz: Desde mi experiencia, yo no he participado, ni he sido parte de ningún grupo literario, pero siempre he creído que los grupos literarios tienen un valor afectivo, por el hecho de poder compartir los textos con otras personas, presentar tus textos a una crítica bastante razonable, personas que aprecien igualmente la literatura, sin embargo, estos grupos literarios muchas veces terminan en dos o tres individuos que son los que verdaderamente se entregan con sacrificio y vocación a la literatura. Entonces podríamos decir que la mayor parte de los grupos literarios que surgen, en realidad tienen una clara tendencia al esnobismo.
Ana Gabriela Padilla: Pues a mí me gustaría que no nos enmarcáramos tanto dentro de un grupo, sino más bien, ver que dentro de todo gremio hay individuos que siempre tienen cierta pose, o esnobismo. Me parece un poco fuera de lugar, porque existe la pose o el esnobismo a cualquier edad y no es preciso decir dentro de un grupo literario de jóvenes.
Eunice Shade: Estoy de acuerdo con Ana Gabriela. El esnobismo no es una cosa de ser joven o ser adulto, y respecto a lo que decía Víctor, yo pienso que un grupo literario es una etapa en la vida de un escritor, una etapa necesaria de retroalimentación con otros compañeros. Cuando uno forma un grupo literario probablemente uno no está pensando en que va a morir siendo parte de este grupo. En mi experiencia personal, Literatosis fue una etapa bonita, fueron unos años en los que compartí con otros escritores jóvenes y me parece bien que haya terminado, porque cada escritor después debe seguir su camino individualmente, porque la literatura, todos lo sabemos aquí, es un acto meramente solitario, individual, particular, entonces sería triste creo yo, llegar a los sesenta o setenta en el mismo grupo. Me parece saludable que un grupo tenga un principio, un desarrollo y un fin, entonces ya después del fin cada quien toma su camino.
Carlos Mayorga: Yo considero que toda persona tiene cierta pose con la que se quiere distinguir del resto. Tenemos la idea de que podemos distinguirnos de las demás personas, y cuando queremos referir esto al ejercicio literario, es aún más determinante; no queremos parecernos en nuestra escritura, ni en nuestra concepción literaria a ninguna persona, y esto nos lleva a las poses, más aún cuando se trata de gente joven. Entonces me parece que sí existe la pose y el esnobismo pero no creo que esto deba ser visto como algo negativo, sino simplemente como un aspecto extraliterario que no influye al final de cuentas en el ejercicio literario en sí.
Iván Uriarte: Buenos días, especialmente a todos estos relevos en esta carrera, donde tienen que pasarse las antorchas, los mayores a los menores, tal como sucedió, pienso yo, en el encuentro entre Darío con Salomón de la Selva en Nueva York, donde se encuentran dos leoneses: el joven poeta Salomón de la Selva que tenía 16 años, que ya estaba bien metido en la literatura norteamericana, y Darío que ya era el cisne que venía arrastrando la cola, huyendo de la debacle de la primera guerra mundial, leyendo su poema Pax y hablando sobre la paz, entonces ese encuentro es el más grande relevo que ha existido en la literatura nicaragüense, donde el poeta que vinculó a la poesía hispanoamericana con la literatura francesa, le pasa el cetro al nuevo relevo que va a dar origen al vínculo entre la poesía nicaragüense y la poesía norteamericana, que va a ser definitivo en una modernidad de la cual vivimos todavía, porque hay que recordar la frase de Pound de que “las grandes épocas literarias son las épocas de traducciones”. Entonces, los jóvenes en Nicaragua tienen una gran responsabilidad. Si hubieran nacido en El Salvador o en Honduras, pudieran estar tranquilos, van a ser poetas, y van a figurar. En Nicaragua es muy difícil ser poeta con alguna calidad y figurar, porque todos los antecedentes que tiene, creo que ninguno o pocos de los países de Hispanoamérica, sin chauvinismo alguno, tienen una pléyade de nombres que vienen desde Darío hasta Carlos Martínez Rivas. Sólo tenemos monstruos detrás. ¿Cómo superarlos, cómo ser más grandes que ellos, cómo ir más allá de lo que ellos hicieron? Ésa es la responsabilidad que tienen estos chavalos. No los envidio, sé que tienen una joroba, una joroba que les va a pesar, y que les pesa ahorita que empiezan a caminar si realmente toman conciencia de cuál es su rol dentro de la cadena literaria de la poesía nicaragüense. Tienen una gran responsabilidad y entonces eso exige disciplina, exige trabajo serio, precisamente nada de poses ni esnobismo, ni andar creyendo que en los congresos literarios se hacen los poetas. En los congresos literarios no se hacen poetas, ahí va uno con obras, el que no tiene obra, realmente no vale nada, un poeta sólo puede responder con su obra, con sus buenos textos. Entonces esas preocupaciones textuales, me parece, deberían ser básicas en ustedes para poder ser parte del relevo de esta pesada cadena, donde Rubén es el primer gran eslabón de la literatura hispanoamericana.
Ricardo: Ahora vamos a hablar un poco acerca de cómo ha sido hasta el momento con estas nuevas generaciones la formación literaria, tanto desde el punto de vista del acceso a los textos creativos como a la crítica.
Víctor: En cuanto a la formación literaria y crítica de los jóvenes, a los que yo conozco que son anteriores a mi generación, creo que en algunos hay una aversión a la crítica. Creen que la crítica lo que hace es indagar sobre la forma del poema, desmenuzar el poema, y eso como que les resulta frío. Pero recordemos que el poema no solamente es lo que dice, sino la forma como se ha hecho. Entonces muchas veces la crítica nos da herramientas no solamente para comprender los otros textos, sino para poder escribir, tener ciertos mecanismos para escribir poesía. En el último grupo que ha surgido actualmente en Nicaragua, Voces nocturnas, si creo que hay bastante preocupación por la crítica; la han visto desde ese punto de vista. La formación que tienen me ha parecido muy buena, pero hay otros jóvenes que en realidad tienen una mala formación, pues se preocupan en la literatura de leer autores escandalosos, de leer literatura light, es decir, se preocupan más por el escritor que por la obra. Oscar Wilde decía que lo más grandioso de la literatura es cuando se muere el autor, cuando no hay presencia del autor en la obra… y pienso que es lo que debemos hacer nosotros al momento de leer: no mirar al autor sino la obra.
Ulises Juárez: Creo que la formación literaria de los jóvenes escritores es mayormente autodidacta, lo cual conlleva ciertos riesgos: primero, una lectura desordenada que puede obviar autores clásicos; yo creo que la generación joven actual no ha leído tanto a los clásicos y se preocupa más por leer autores contemporáneos. En cuanto a la formación académica de los escritores jóvenes, hay que hacer notar que si bien hay un buen grupo de escritores que tienen una formación relacionada a las letras, ya sea en filología, o periodismo, hay una buena parte que tiene una formación académica muy distante: hay administradores de empresas, hay arquitectos, hay ingenieros, hay licenciados en telemática… hay una formación muy diversa, pero ya en la formación literaria de cada escritor creo que evidentemente tienen mucho de autodidactas.
Eunice: La formación literaria que yo he tenido creo que está en base a lo que yo he leído. Una vez Sergio Ramírez me dijo algo interesante en un taller de narrativa en Ometepe, cuando yo comenté que había entrado a Filología y Comunicación, mi segunda carrera, que no he terminado. Sergio me dijo que yo no necesitaba, o que los jóvenes y las jóvenes no necesitaban estudiar literatura o filología o comunicación para ser escritores, y yo creo que para probar eso, basta mencionar a Rubén Darío o a Alfonso Cortés, a muchos escritores tanto en Nicaragua como en otros países, que no han requerido hacer estudios académicos para ser escritores, no hay un título de escritor. Ahora, sí me parece, como a Víctor, que es importante tener a veces un estudio dirigido por alguien que tenga mayor experiencia, como ha sido el caso de Iván, pues yo he recibido clases con él, que nos daba un curso de literatura en la UNI, mucho antes del “Círculo Caótico”. En todo caso, la formación o mi formación literaria, está determinada por los autores que yo he leído.
Carlos: La formación literaria va más allá del simple hecho de seleccionar una carrera; va más allá, como decía Eunice, y como decía también Ulises: los escritores son fundamentalmente autodidactas. ¿Esto qué quiere decir? Que se tienen que fajar con los libros, se tienen que fajar con la crítica, entonces estas dos lecturas son muy importantes. Ahora, ¿qué formación han tenido los jóvenes que actualmente están escribiendo? Eso solamente lo podemos determinar a través de la lectura de sus libros o de sus textos publicados. Aquí es donde vemos la formación, ahí es donde vemos si este muchacho solamente está diciendo locuritas, o si este muchacho ha tenido una formación. Hasta el momento lo que yo he visto es una formación incipiente, pero que busca ser una formación sólida, sobre todo de autores contemporáneos, y aquí cabe la observación que hacía Ulises: no hay tanta preocupación por el estudio de los clásicos.
Iván: Creo que la pregunta es muy importante en el sentido de que la formación literaria sólo puede medirse conforme los niveles de lectura, ya sean los clásicos, autores populares como Alejandro Dumas, Stevenson, etcétera, o la literatura contemporánea. El problema es que la mayor parte de los jóvenes se sienten deslumbrados por la literatura más próxima, por la última novedad, y desde luego descuidan un poco las lecturas, podríamos decir, básicas, las lecturas que verdaderamente hacen a un escritor, que es la lectura de los clásicos: de Homero a Shakespeare, Dante, todos estos grandes nombres, Dostoievski, Balzac, todos los grandes narradores, el mismo Víctor Hugo. Yo en la experiencia que he tenido en los talleres creativos, especialmente con muchachos que no tienen formación literaria ni están vinculados a una carrera que tenga que ver con el manejo de la lengua, todo lo contrario, he sugerido un tipo de lectura en la cual sea posible leer a los clásicos y leer a los autores contemporáneos, como por ejemplo leer La Odisea y leer Ulises de Joyce, El Proceso de Kafka y El Licenciado vidriera, o bien algún cuento de Melville, leer a Jorge Luís Borges y leer a Marcel Schwob, leer la matriz de donde Jorge Luis Borges viene, entonces podríamos leer el Hamlet de Shakespeare y La vida es sueño de Calderón, llevar lecturas paralelas, es decir, que enriquecen, que te pasan de una vida a otra pero siempre montados sobre una obra maestra. Ningún joven, ningún escritor maduro, puede crecer y mejorar si no está montado sobre grandes textos. Leer mediocridades conduce a escribir mediocremente. El que lee grandes autores es el que probablemente llegue y se establezca una meta. No se puede ser escritor pasando por encima de la literatura con una garrocha, hay que meterse en ella, hay que estar en ella, hay que estar sobre las grandes obras.
Ricardo: Vamos a considerar ahora el asunto de las influencias generacionales. Los participantes nos van a hablar de cuáles son más o menos estas influencias en esta nueva generación de escritores…
Víctor: Voy a hablar desde mi experiencia personal y desde lo que he leído, de lo que yo me he querido dejar influir de las generaciones anteriores. En realidad es poco. Puedo mencionar por ejemplo a Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejía Sánchez, que yo creo es el que más influencia tiene sobre mi obra, Salomón de la Selva, el propio Rubén Darío, que desgraciadamente, pues nos han enseñado un mal Rubén Darío en la secundaria, por eso hay que volver a él y hacer una deslectura para poder comprender todos esos avances que hizo él y poder aprender de él; también está Eudoro Solís, que desgraciadamente ha sido muy olvidado por la crítica literaria y por los escritores jóvenes, Beltrán Morales… Obviamente ya después de la generación de los ochenta, de los noventa, yo no creo que pueda aprender algo de ellos. En cuanto a los jóvenes, no sé si sepa muy bien cuál es la influencia que tengan ellos, pero sí creo que hay un verdadero rechazo por el exteriorismo; yo creo que lo más dañino que le pudo haber pasado a la literatura nicaragüense fue el exteriorismo, porque no es más que una escuela que copió los parámetros para escribir de la literatura norteamericana, de la literatura imaginista, porque el exteriorismo se enmarca dentro de lo que nosotros conocemos como la antipoesía, y aunque hay verdaderos poetas como Antonio Cisneros, o como Nicanor Parra que sí trabajaron verdaderamente a conciencia, esto que nosotros conocemos en Nicaragua como el exteriorismo, es un facilismo: decir que todo el mundo puede escribir poesía, que todo el mundo se puede poner en una esquina a gritar todas las cosas que se le ocurran y eso es poesía, eso en realidad es el exteriorismo.
Ulises: En general hay una negación de las generaciones anteriores; creo que esto es normal, pues todas las generaciones niegan a las generaciones que les anteceden, no quiero hablar tanto de la influencia en la poesía porque aquí hay poetas que pueden dar mejores aportes sobre este tema, pero sí, el tema de la narrativa que es algo que está tomando fuerza en esta generación. Creo observar que más que una influencia generacional nicaragüense hay una influencia de generaciones extranjeras, podemos identificar muchas características similares a las de la generación del crack, de Macondo, e incluso algo muy importante: hay una generación influenciada por el tema cinematográfico, que cada vez se vuelve más evidente en el tema de la narrativa, creo que Eunice o Ana Gabriela pueden dar mejores referencias sobre la influencia en la poesía.
Ana Gabriela: Yo estoy de acuerdo con Víctor en eso que Carlos Martínez Rivas es el poeta que nos puede influir de alguna manera. Creo que en mi caso, Carlos Martínez, Ernesto Mejía Sánchez, Joaquín Pasos; en narrativa creo que se ha hablado poco o sólo se ha mencionado el trabajo de Mario Cajina Vega, que considero es importante, no sé en la narrativa lo que estabas diciendo de los recursos cinematográficos que Mario Cajina Vega explota, que solamente se ha dicho, que solamente se ha mencionado pero no se ha hecho un estudio sobre esto.
Eunice: Lo que yo he notado es que en esta reciente generación ha habido un cambio de las fuentes de literatura, es decir ya un joven escritor no encuentra sólo arte o literatura en el libro, si no que ya hay otras influencias, ya hay Internet, ya hay cine; lo que quiero decir es que ahora para el joven esto es una fuente o un recurso más importante de lo que solía ser antes; ese fenómeno a mí me llama la atención, yo lo contextualizo por la globalización, por toda la invasión de cosas extranjeras que ahora vemos en la televisión, MTV, etcétera, todo lo light, según palabras de Víctor. En cuanto a influencias: influencia ya no sólo es decir me influye Carlos Martínez o me influye Eunice Odio o Alfonso Chase, no, ya no sólo es eso; ahora me influye Quentin Tarantino, pues, que es un director de cine por ejemplo, o artistas contemporáneos. El arte contemporáneo, ese boom del arte contemporáneo que ya no suele ser lo que era el grupo Praxis, por ejemplo, el cuadro, el collage o algunas cosas mixtas; ahora el arte contemporáneo cuando se introduce a Nicaragua viene a revolucionar toda una serie de parámetros estéticos y de alguna manera ha influenciado a ciertos escritores; no digo que a todos, pero sí me parecería interesante hacer un estudio de ese cambio, o esa ampliación de las fuentes de la literatura, esa ampliación de influencias.
Carlos: De cierta manera siempre ha existido ese tipo de influencias interdisciplinarias entre las artes, es ya una tradición en la literatura nicaragüense, por ejemplo, tomar aportes, elementos de la pintura, no recuerdo quién hace poco hacía un recuento de poetas importantes en la literatura nacional, a partir de Rubén Darío, desembocando en Carlos Martínez Rivas, sobre los elementos que se toman de la pintura. En referencia a las influencias de generaciones de escritores nicaragüenses anteriores hacia los nuevos escritores, podemos notar un pequeño fenómeno de rechazo fundamentalmente hacia las generaciones que ya refería Víctor, si podemos llamarlas generaciones, que vienen desde el ochenta hasta los noventa, pero también un rechazo más o menos manifiesto en cuanto a la Vanguardia, apartando ciertos nombres, como decía Ana Gabriela: Joaquín Pasos o qué sé yo, y hacen un corte que es bastante evidente a partir de la generación del 40, seleccionando sólo a partir de allí a ciertos autores. Por eso, en cuanto a las influencias, lo que más se nota es una especie de desconexión, pero no es precisamente eso sino una manera de autoafirmarse como generación, o de buscar nuevas fuentes de influencias, entonces ahí ya viene lo que Eunice mencionaba, con el cine, con el fenómeno de la Internet, con la generación de la cultura de masas y todo lo demás.
Iván: Pero yo creo que el libro es, y va a seguir siendo el centro. Todos esos fenómenos son realmente secundarios, de alguna manera. Yo creo que debe evitarse la desvinculación de los jóvenes del libro en sí, de las lecturas importantes de los clásicos, ellos tienen que vivir su modernidad, pero que esa modernidad no la conviertan sobre todo en una especie de pasatiempo, porque en primer lugar, se lee cuando se es joven, después ya no se lee, se relee, entonces esa es una cuestión, si no leen ahora, nunca más van a volver a leer; hay que recordar que las influencias son buenas, excelentes. Ezra Pound en If you don´t, ese texto que Coronel tradujo con Cardenal en 1960, Varios Don´t de Pound, dice: aconséjate, déjate influenciar por el autor que te gusta, pero no lampacees el piso con su lenguaje. La influencia es una cosa necesaria ¿verdad?, pero hay muchos que lampacean el piso con ella.
Ricardo: Ahora vamos a pasar a hablar de la relación de los escritores con las generaciones anteriores, con la tradición literaria y con el establishment nacional.
Víctor: La relación generacional ha sido excelente, en eso yo no puedo objetar nada. En cuanto a qué rechazamos, o qué rechazo mejor dicho yo de la tradición, particularmente son dos aspectos: la Generación de los 80, por ser una literatura propagandística, totalmente, donde la libertad del escritor estaba supeditada a lo que decía el partido, como lo que le sucedió a Maiakovsky en la Unión Soviética, entonces cuando el poeta quiso ser libre en realidad se encontró en una cárcel más profunda que el infierno; lo otro que rechazo es esa otra descarada omisión del canon literario de escritores realmente de importancia como Mario Cajina Vega, Eudoro Solís, Ernesto Mejía Sánchez por el simple hecho de no pertenecer a una ciudad, como lo que le pasó a Ernesto Mejía Sánchez, él no era de Granada, obviamente él no fue, no ha sido incluido en la crítica literaria; se ha estudiado de una manera completamente superficial, y no se ha estudiado tampoco la influencia que ha ejercido este poeta sobre escritores jóvenes. Ahora, en cuanto a la valoración del establishment literario, del establishment de la crítica hacia la literatura joven, yo pienso que no existe. En verdad no hay una valoración. Podríamos hablar de la crítica, de escritores serios, entre comillas, como por ejemplo Julio Valle Castillo. Para Julio Valle Castillo la literatura muere en los ochenta; el mejor ejemplo, la antología que sacó. Para él en los 90´s y en el dos mil ya no se está haciendo poesía; lo mismo sucede con Jorge Eduardo Arellano. Ahora, para escritores como Gioconda Belli, como Sergio Ramírez, para ellos la literatura no existe en Nicaragua; para ellos el escritor joven es un medio para engrandecer su egolatría, si no los cepillan, si no le dice que le gusta su literatura, el poeta no existe, entonces el establishment lo que ha hecho es soterrar, enterrar a la poesía joven.
Ulises: Yo creo que las relaciones personales entre los escritores de esta generación, en definitiva, son muy sanas; sin embargo, hace falta terminar, empezar o terminar de leernos a nosotros mismos. Yo puedo conocer a todos los escritores de esta generación, sin embargo debo confesar que no los he leído a todos, hay una brecha, hace falta un puente que comunique el trabajo que se está escribiendo. No es lo mismo conocer a personas que conocer la obra; creo también que esa misma crítica podría aplicarse a las lecturas de las generaciones anteriores. Podemos conocer a los miembros de las generaciones anteriores, pero ¿qué tanto conocemos a plenitud la obra de las generaciones anteriores? Respaldo también lo que dice Víctor: los poetas ya consagrados, a pesar de ciertos esfuerzos tímidos de acercarse no sé si aparente, o sinceramente al escritor joven, no ven al escritor joven con la seriedad que deben a sus contemporáneos.
Ana Gabriela: Con respecto a cómo se valoran las propuestas literarias de la joven generación, creo que el establishement no sólo rechaza o ve con desprecio las propuestas literarias de la joven generación, sino también a los que no pertenecen a ese círculo tan cerrado, aunque sean de su generación.
Eunice: Estoy de acuerdo con todos ellos, y también estoy de acuerdo en que lo que rechazo de las generaciones anteriores en particular son los 80´s, digamos en el sentido cultural de la palabra, me parece que en los ochenta se vivió una especie de oscurantismo literario, porque la creatividad y la libertad de expresión fueron sometidas a una dictadura estética y temática como el exteriorismo. Claro que habían sus islas ¿no?, Carlos Martínez Rivas estaba vivo en esa época, pero sí me parece que fue un error el querer uniformar el estilo literario de las personas, y no solo el estilo, sino el tema, que tenía que ser revolucionario, social; no creo que una maquila o zona franca de poetas sea algo sano.
Ulises: Algo rápido, una pregunta… dentro de un grupo de amigos nos preguntamos qué pasó en los ochenta con el tema del exteriorismo y la academia y a la respuesta que llegamos después de tres horas de un debate intenso, fue una pregunta: ¿Dónde están los escritores que iniciaron en los 80? ¿Dónde están? Yo tengo una colección de autores que fueron publicados por el Ministerio de Cultura en los 80, y ninguno de ellos actualmente está escribiendo poesía pues, son contados los casos.
Eunice: Incluso el que dicen que era uno de los mejores poetas exterioristas después de Ernesto Cardenal, Carlos Calero, que ahora está en Costa Rica, no escribe nada de exteriorismo, escribe poesía pero se fue a lo opuesto de lo que sería el exteriorismo, entonces como que no hubo una consolidación, una maduración de lo que se pretendió hacer.
Carlos: No es ni siquiera que rechacen la obra de los escritores jóvenes, no es ni siquiera que está rechazada, ni tampoco está aceptada, simplemente está ignorada, entonces ¿qué es lo que debería ser rechazado de las generaciones anteriores? ¿Una herencia peligrosa? ¿La ausencia de crítica? En la literatura nicaragüense, desgraciadamente, a pesar de ser una literatura de muy alta calidad, no existe la crítica, no hay una valoración real de la obra como tal, sino simplemente hay elogio o tiradera. Sin embargo, a partir de una segunda etapa en esta nueva generación de escritores, yo veo que se esta gestando actualmente un buen punto de inicio para un buen debate. Ese resurgimiento, esa iniciación de la crítica como tal podría ser una buena manera de redirigir el barco literario nacional, que ha zarpado desde mil novecientos veinte y pico, mil novecientos treinta, de la calle atravesada y sigue navegando y todos vamos en él nos guste o no nos guste. Las nuevas generaciones anteriores, la pasada, la antepasada, la del cuarenta, la del cincuenta, la del sesenta, todos venimos navegando en el mismo barco; entonces la única manera no de darle un nuevo giro al barco, sino de saltar a otro barco o a botes salvavidas, es a través de la crítica, ni más ni menos.
Iván: Yo creo que se tiene una visión muy negativa del exteriorismo, que fue en efecto la modernidad de la poesía nicaragüense en todo el sentido de la palabra. Fue la introducción de la gran poesía norteamericana a través de libros como Rápido Tránsito, que ya quisiera Argentina, el Perú, cualquiera de esos grandes países tener un manual de poesía como ese a la disposición. Yo no sé cuántos lo habrán leído, pero es un libro que todo aspirante a poeta debería leer para entrar a la modernidad, para entrar al exteriorismo. Creo que lo nocivo del llamado exteriorismo es el logotipo, todo logotipo realmente es como un fierro, como el fierro que se le pone al ganado para que no se pierda; sin embargo, tomemos el exteriorismo en otro sentido, como una verdadera liberación de la poesía, que la poesía cabalgue y vaya por todos los lugares e incluso utilice la historia, la economía, los documentos. Esa idea poundeana sobre la cual están cimentados los Cantos es totalmente liberadora; hay que ver qué es la modernidad de la poesía: es lo que los poetas, podríamos decir épicos, no hicieron y sin embargo la épica contemporánea de alguna manera lo ha intentado. Por otra parte, hay un problema muy grande en este país: los jóvenes y los que hemos sido jóvenes, no podemos referirnos a los viejos y a los escritores establecidos nunca en términos críticos; siempre debe ser en término elogioso estricto. La crítica no puede existir en este país, y precisamente esa gran responsabilidad la tienen las universidades, donde han hecho de algunos nombres un canon literario intocable. Todas las tesis que se escriben en este país son sobre Gioconda Belli y sobre Sergio Ramírez. No hay otros autores. Darío ya casi desapareció, y pues dudo que se meta Ernesto Cardenal, que es un poco más difícil. Buscan lo fácil. Sin embargo tenemos una poesía extraordinariamente grande, fértil, rica; nunca se meten con ella, y hay autores realmente espléndidos como Salomón de la Selva, que es novelista, que es poeta, que es gran tratadista del mundo clásico, etcétera. Yo creo que el canon literario de alguna manera en este país se ha construido en las universidades. Por ejemplo, yo nunca vi al profesor Fidel Coloma escribir sobre ninguno de los jóvenes, jamás se atrevió a dar un criterio sobre un libro escrito por un joven, nunca dijo nada. Ese también es otro defecto de los escritores. A un bien establecido escritor que publica en Alfaguara, se le mandó una nota pidiéndole a quién recomendaba para ser publicado; dijo que a ninguno. Cosas veredes, Sancho Amigo.
Ricardo: Algo en común que se ha dicho aquí y que fue una de las motivaciones de este conversatorio es que la crítica está ignorando la creación de los jóvenes, y sin esa crítica no se está valorando la calidad de todos esos textos que se están originando y por eso se pide a los participantes hablar de la calidad, y como ellos decían, no para hablar de la persona si no para hablar del texto, hablar de lenguaje, de técnica, qué se está creando, así que, a ver qué nos dicen ellos…
Víctor: En cuanto a los niveles de calidad que ha alcanzado la literatura escrita por jóvenes yo soy muy pesimista, he leído al menos lo que podemos leer, las antologías que a regañadientes, arrastrándonos, se han podido publicar. Por ejemplo en Retrato de Poeta yo pienso que en realidad se abusó del termino “generación” y no hubo una visión por parte de los editores en cuanto a la calidad de los poemas que se iban a publicar; sin embargo, puedo ver una luz en el túnel hasta el momento y me encontré pues con una antología muy bien preparada como la de Círculo Caótico, donde pienso que en verdad se ha alcanzado un buen nivel. Esta obra debería ser de verdadera referencialidad para referirse al camino que va tomando la literatura nicaragüense.
Ulises: Bueno, yo soy co-editor de Retrato de poeta, así que en parte supongo que debo decir algo sobre lo que opina Víctor. Creo que el termino “generación” es un término muy subjetivo, tiene muchas trampas. Como el propio Víctor dijo, ¿cómo podemos hablar de una generación del dos mil, si ni siquiera ha terminado la década? Cabe aclarar que Retrato de poeta fue publicado en dos mil cinco y la otra muestra, Poetas pequeños dioses, fue publicada en el dos mil seis. Nosotros preferimos ver, tanto Retrato de poeta como Poetas pequeños dioses, como un work in progress,un trabajo que está en proceso, y que a la larga no será una antología preparada en estos días la que dirá quiénes son los poetas de esta generación. Hay que esperar que pase el tiempo y que madure el trabajo de cada poeta.
Ana Gabriela: Yo quiero hablar del balance entre la producción literaria y la crítica. Me parece que no hay ningún tipo de balance entre la producción literaria y la crítica; sin embargo creo que la crítica se hace de manera informal, que sé yo, con amigos, con Víctor Ruiz, con Ulises Huete, con Misael duarte, con Álvaro Vergara, y se hace solamente entre nosotros, entre los que nos estamos reuniendo, sin que haya una publicación sobre ella, pero ya se tiene ahí un proyectito de hacer crítica acerca de la producción literaria que se está haciendo ahorita.
Eunice: Bueno, en cuanto a la calidad que ha alcanzado la literatura escrita por jóvenes, pues definitivamente, como dice Ulises, habrá que esperar para poder hacer una valoración completa de una generación. Respecto al balance entre la producción literaria y la crítica, también es cierto que se produce más literatura y mucho menos crítica. Ha habido intentos, por ejemplo, de parte de Leonel delgado, que trabaja en el Instituto de Historia. Él ha promovido una serie de seminarios a los que siempre nos invita a cierto grupo de jóvenes, con el fin de que nosotros nos interesemos en la crítica, él nos ha dado buenas pláticas, buenos recursos, buenas herramientas, pero como decía Ana Gabriela, pues se hace de manera informal. Hay una preocupación por lo menos de él o de otros críticos como Freddy Quezada, que aunque no sea crítica literaria está promoviendo que uno sea crítico ante otros aspectos de la vida; el mismo Erick Aguirre, también siempre está preocupado por promover la crítica, él ha escrito varios libros de crítica de literatura.
Carlos: Bueno, creo que nosotros deberíamos ser los menos indicados para hablar de la calidad de nosotros mismos, pero ya vemos que hay cierto escepticismo y le echamos el trabajo a otras personas. Me parece que son los estudiantes y los maestros de literatura de la universidad quienes deberían tratar de dar la pauta acerca de la valoración de la calidad y de lo que se está escribiendo. Es decir, la materia de Literatura contemporánea, cuántos de estos autores incluye, por ejemplo. A qué llamamos contemporaneidad. Entonces, a partir de lo que señalaba don Iván, a partir de la universidad, es que surge la crítica y se va educando de cierta manera, aunque parezca un poco ilusorio, el gusto del público.
Iván: Yo creo que los poetas actuales, que andan entre los veinte y veinticinco años están escribiendo buenos textos, están escribiendo una poesía mejor que la de las inmediatas generaciones. Creo que un libro como Inscripciones en una pipa sagrada, de Douglas Téllez ha pasado un poco desapercibido porque todo pasa desapercibido en este país; no sabemos dónde está el canon literario, el nuevo canon literario. Nadie, realmente, se preocupa por él ni le interesa. Ahí están todos los nombres establecidos, todos bonitos ¿verdad? sigamos echándoles incienso. Está un libro que publicó un joven de la UNAN, Gabriel Moreno, que es un buen poeta; está el próximo libro de Víctor Ruiz, que es realmente un estudioso, pienso yo que es uno de nuestros relevos; está Eunice Shade, que tiene un buen libro de textos narrativos breves y un poemario, Escaleras Abajo. Creo que hay una media docena de libros que realmente son buenos, que valen la pena, pero que no se valoran; permanecen un poco en el murmullo de los amigos. Creo que este espacio para la crítica, que precisamente Roberto Aguilar, actual director de la Escuela de Español está abriendo, debería ser una apertura en el sentido de reproducir textos, que la universidad estimule, ya sea creando una revista de los jóvenes, que se les pague un poco por escribir. Creo que hay muchachos que se están tomando el trabajo de la vocación literaria en serio, buscando cómo ser críticos. Por ejemplo, Carlos Mayorga tiene la revista “Voces Nocturnas”, donde hay un ánimo, un afán realmente de cultivar la crítica, porque sin crítica ningún joven poeta avanza, va en la oscuridad, porque la crítica significa leer bien y leer bien a los otros. Ahora, si no tenemos ese sentido, si no desarrollamos ese sentido de la crítica, nuestros textos van a ser deformes.

El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 27 de septiembre de 2008