El Nuevo Diario

El binomio


Este término se utiliza primeramente en su sentido matemático para designar a dos elementos algebraicos unidos por los signos más o menos (+ -). También suele referirse al conjunto jinete/caballo en la práctica de la equitación, donde la destreza y habilidad del montador se conjugan admirablemente con la inteligencia del caballo para efectuar saltos artísticos. Siempre en el ámbito del deporte, se designa también como binomio a la dupla hombre/corcel en el difícil y admirable arte del rejoneo taurino, donde la pericia del jinete se combina con la intuición y rapidez del caballo para que aquél clave las banderillas al toro: un simple error milimétrico de cálculo o falla en la coordinación puede significar para ambos la diferencia entre ovación y consternación, entre triunfo y tragedia. Asimismo, el dúo jinete/caballo constituye un armonioso conjunto en el juego de polo. Pero una cosa queda bien clara: el jinete es quien está al mando y determina el rumbo, el tempo, la estrategia y la coordinación del binomio, en tanto que la sensibilidad del caballo capta la más mínima presión de las piernas de su amo y obedece dócilmente las señales, el lenguaje y los gestos de éste.

Menos común, pero al mismo tiempo más sugerente es la aplicación del término binomio a la yunta de dos personajes que comparten la responsabilidad política del poder mediante un mecanismo denominado “doble comando”. En este caso, siempre hay uno de los dos que sobresale y se impone por sus dotes de mando, su preparación y experiencias previas, pero el otro contribuye al equilibrio del conjunto con aptitudes también especiales. El éxito de la dupla radica en que ambos se necesitan y complementan. En América Latina existen tres ejemplos a ese respecto: Argentina, Cuba y Nicaragua.

En Argentina, el poder nominal lo ejerce la Sra. Cristina Fernández, elegida democráticamente Presidente de la República en las últimas elecciones generales a fines de 2007, pero el poder real lo ejerce su marido el ex presidente Néstor Kirchner, quien, aunque no detenta cargo oficial alguno, decide la estrategia y determina el rumbo de la gestión gubernamental. Argentina es quizá el único caso en el mundo donde un Presidente saliente traspasó e impuso la banda presidencial a su esposa. También es el único país que escenificó el inédito desfile de cinco mandatarios en tan sólo diez días a finales del año 2001 y comienzos de 2002.

La dupla se divide las tareas de gobierno, quedando para la Jefe de Estado las funciones protocolarias y representativas. Ella se reúne con los visitantes ilustres, despacha los asuntos menores y viaja sola al exterior, donde recibe los honores inherentes a su investidura. Su marido en tanto, fiel a la práctica que hizo habitual durante su mandato de dejar de lado todo lo relacionado con el protocolo, al punto de abstenerse hasta de recibir siquiera las cartas credenciales de los embajadores acreditados ante su gobierno —con excepción del Nuncio Apostólico—, maneja los asuntos importantes de Estado y es el verdadero cerebro y poder tras el trono. Cuando ejerció la presidencia nunca concedió una entrevista o conferencia de prensa; en cambio, ahora es el vocero frecuente del gobierno y ha obligado a la Jefa de Estado, a trasladar su despacho oficial de la Casa Rosada a la Quinta de Olivos, residencia privada de los presidentes argentinos en los suburbios de Buenos Aires, para salvar las apariencias de “quién manda a quién”. Kirchner pretende reencarnar un peronismo renovado y fue también el creador de las fuerzas de choque justicialistas llamadas “piqueteros” —comandadas directamente por su hermana y senadora Alicia Kirchner, con cargo al presupuesto oficial— que se imponen mediante la violencia en apoyo de las posturas del gobierno.

Pero el desequilibrio de la dupla resultó tan evidente que el público varió drásticamente la percepción que tenía de sus integrantes. Cuando Cristina Fernández fue elegida, contaba con el 56% de apoyo, en tanto que su marido dejaba la Casa Rosada con un sólido respaldo del 64%. A un año de su gestión, el apoyo a la mandataria se derrumbó en un 26% y hoy concita solamente el 30% de opinión favorable, en tanto que Kirchner bajó estrepitosamente su porcentaje de popularidad en 34% para quedar igualmente en sólo el 30%. En ambos casos la tendencia desfavorable continúa en aumento. Por supuesto, Kirchner es el avezado jinete y Fernández la estilizada y estupenda potranca del binomio.

En Cuba se presenta un fenómeno pocas veces visto. El anciano caudillo Fidel Castro, después de permanecer oficialmente 48 años como Presidente del Consejo de Ministros (cargo ceremonial equivalente al de Presidente de la República), Comandante Supremo de la Revolución y Secretario General del Partido Comunista (mucho más importante que los dos anteriores), tuvo que abandonar formalmente el poder en 2007 por una grave dolencia que lo incapacitaba físicamente para continuar al frente del país. Sin mediar elección democrática alguna (algo que no se estila en las dictaduras comunistas), designó a su hermano Raúl como sucesor para asumir las funciones oficiales, lo que fue confirmado a mano alzada por la dócil, sumisa y monolítica Asamblea popular. Pero el octogenario dirigente continúa controlando el poder real, como lo demuestra el hecho que todas las decisiones importantes le son previamente consultadas y deben contar con su aprobación, algo puesto en evidencia en la reciente purga de tres altos jerarcas del régimen, escogidos en su momento por el propio Fidel y considerados hasta su caída en desgracia como los encargados de efectuar sin sobresaltos la transición del régimen una vez desaparecida del escenario político, la dupla Castro-Castro. En esta variante única del binomio, el monocomando lo ejerce inequívocamente el longevo dictador, quien resulta ser el experimentado jinete que utiliza como jumento a su propio hermano.

El caso de Nicaragua difiere un poco de los anteriores. Aquí, la jefatura del Estado recae en la persona del Comandante Daniel Ortega, quien asumió la presidencia con algo más del 30% de la votación popular, debido a las rivalidades y desunión de la oposición mayoritaria, y a los pactos concertados por el astuto dirigente con los ex presidentes que lo antecedieron, lo que le permitió finalmente acceder de nuevo al poder después de dos derrotas consecutivas en las elecciones presidenciales de 1996 y 2001. El otro miembro de la yunta es la compañera Rosario Murillo, quien no cumple función oficial alguna, pero controla de hecho todos los hilos del poder y ejerce sobre el gobernante una influencia subyugante y absoluta.

La Sra. Murillo, entre otras funciones extraoficiales, es coordinadora del gabinete y del consejo de ministros, directora de protocolo de la presidencia, maestra de ceremonias del gobierno y escenógrafa de los actos circenses del FSLN, entre ellos la presentación pública de cartas credenciales de los embajadores acreditados. Ella desechó la Casa Presidencial como despacho oficial del mandatario (que ahora ha sido rebautizada como “Casa de los Pueblos”) y es creadora y cabeza de las fuerzas de choque —los llamados Consejos del Poder Ciudadano— cuyos integrantes se han apoderado de las plazas y vías públicas y no permiten, a punta de garrotazos y morterazos, que los dirigentes de la oposición ejerzan su derecho cívico a manifestarse pacíficamente, aunque hayan obtenido de previo el permiso de la autoridad. Para ello, se cuenta con la tácita permisividad de la Policía Nacional, que se hace de la vista gorda cuando las turbas efelenistas agreden impunemente a sus “enemigos” —que no adversarios— como los ha catalogado el propio Jefe del Estado. Fue, asimismo, inspiradora y diseñadora del nuevo logo neorrealista del gobierno —una caricatura sacrílega del escudo nacional— utilizado como membrete en toda la papelería oficial del Estado, así como por el servicio exterior, no obstante, la plena vigencia de una ley aprobada en agosto de 1971 que reglamenta las características y uso de los símbolos patrios y establece sanciones por su contravención.

La inefable doña Rosario, cultora del esoterismo y otras formas de ocultismo, es la sombra inseparable del compañero-comandante-pueblo-presidente Ortega (“se le pega como mazate”, dirían los nicaragüenses). Lo acompaña invariablemente (en avión privado, junto con sus hijos y otros familiares) a cuanta reunión internacional asista Ortega, aun cuando los otros mandatarios concurran sin sus respectivos cónyuges cuando así lo establece el protocolo. Ella es la que nombra y destituye de hecho a funcionarios públicos, determina quiénes ocupan cargos en los distintos poderes del Estado y debe dar invariablemente su venia a quienes desempeñan puestos diplomáticos en el servicio exterior. Se ha transformado en una especie de “mujer-orquesta” del gobierno y ya se especula que puede ser la próxima candidata del FSLN a la presidencia de la República. En esa eventualidad, tendría bajo total dominio a su maleable compañero, convertido en dúctil Primer Ministro, de prosperar los planes de reforma constitucional que prepara con la cooperación (no desinteresada) de algunos dirigentes de una supuesta oposición democrática, que seguramente no se resistirán a los “cañonazos” del acorazado frentista.

En el caso específico del binomio nicaragüense, resulta más que evidente que doña Rosario es quien jinetea, como diestra amazona, al sumiso y deslucido rocín de su matrera pareja.


El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 17 de abril de 2009