El Nuevo Diario

La última palabra

Poco a poco las aguas vuelven a su cauce, todo comienza a emerger de sus restos luego de los tormentos, el día siguiente siempre es diferente, otro sol nos ilumina, un sol radiante que ha atravesado reciente la más larga oscuridad. La noche se puebla de sueños, inquietudes, esquinas rotas en un beso. Nos disolvemos en un abrazo. En deseos que nos llevan por el camino más corto, a la perpetua seguridad e incertidumbre de estar a tu lado. Uno quiere quedarse clavado en el tiempo de la luz de sus ojos, que no se apaguen, que permanezcan encendidos en las largas noches vacías.
El poeta joven nicaragüense Francisco Ruiz Udiel, quien recientemente falleció de forma sorpresiva, pertenece a la generación que surgió a inicios del año 2000, junto a otros autores jóvenes destacados como Eunice Shade, Rodrigo Peñalba, José Adiak Montoya, Martín Mulligan, entre otros. Algunos de ellos y otros compartieron proyectos culturales y editoriales como la revista Literatosis y otras publicaciones y propuestas artísticas.
El aporte de esta generación del año 2000 en la literatura nicaragüense, al igual que otros grupos de contemporáneos de otras latitudes y literaturas, está relacionado con la incursión en otras formas de comunicación para la divulgación de sus textos y propuestas, como las nuevas tecnologías de la información, el surgimiento de páginas Webs, blogs, foros virtuales, portales culturales, etc. sin prescindir del libro como principal producto cultural del artista de las letras.
Todos o al menos la mayoría fueron los primeros, entre los nicaragüenses, en tener blogs, foros virtuales y portales donde daban a conocer sus textos, y cierta configuración de un personaje y una historia algunas veces divorciada o distanciada de su figura o imagen real. Ellos llevaron nuestra literatura al ciber espacio y como historia de vida, a intentos de otras formas, a la búsqueda de actualidad en la literatura.
Esta generación en su mayoría nació durante los primeros años de la primera etapa de la Revolución Popular Sandinista, allá a inicios de los años 80, y su etapa de formación fue principalmente durante los años 90, en el contexto del proceso de apertura al mundo que sufría Nicaragua. Esta generación es la principal víctima del proceso del neoliberalismo que entró con fuerza en Nicaragua, la globalización y la serie de privatizaciones incluyendo la educación. Su trabajo surge en un contexto de ausencia de promoción cultural estatal.
Francisco se destaca como un poeta joven y promotor cultural, impulsando iniciativas culturales independientes, de apoyo a los poetas jóvenes, como Leteo Ediciones, junto a otros artistas. También se diferenció de su generación por tener una actitud menos irreverente y de mayor acercamiento a sus generaciones predecesoras y principalmente a las figuras consideradas elitistas en el medio cultural. De su generación a él le caracterizó su esfuerzo por insertarse y ser aceptado en espacios ya consolidados y dominados por figuras conocidas en ámbitos mediáticos y con poder. Era un joven destacado que había logrado lo que a la mayoría de jóvenes de Nicaragua se les dificulta lograr, ser reconocido por su trabajo y cierto acceso a publicar notas referidas a temas de cultura en medios de circulación nacional. Además había ganado un Premio Internacional de poesía joven Ernesto Cardenal, en el año 2005, la publicación de su libro de poemas Alguien me ve llorar en un sueño; así también pudo acceder a invitaciones de participación en eventos internacionales.
Conocí a Francisco Ruiz cuando despuntaba en el oficio y compartimos proyectos comunes que nunca llegaron a completarse, principalmente debido a diferencias personales que luego él trasladó al ámbito político. Lo conocí entre colillas de cigarros amanecidos, camas eternamente desarregladas, libros a medio leer y a medio escribir y viajes constantes al bar universitario El Panal; en esa época él alquilaba un cuarto en el Reparto San Juan, de Managua, en el mismo edificio donde vivía también la poeta y escritora de su generación Eunice Shade.
Francisco se ha ido de forma escandalosa, con un pasado desconocido para la mayoría de quienes le conocimos y compartimos con él alguna etapa de su historia. Se sabía muy poco de su pasado, de su historia, de sus preocupaciones, de sus miedos. Él solía ser una persona muy reservada en cuanto a esto, pero su soledad era delatada por un cierto vacío y desdén en su mirada y en sus ojos verdes. Sus poemas componen un solo lamento.
En nuestra historia literaria Francisco vendría a ser el primer poeta joven que se suicida, muchas otras literaturas cuentan con esos especímenes que llegan para dejar una huella en sus generaciones. Aunque son muchos los jóvenes que a diario son reportados en emisoras nacionales por haber tomado la decisión de quitarse la vida con pastillas de curar frijoles o colgarse de la rama frágil de un árbol de mango por razones sentimentales, siempre nos impacta cuando es un ser a quien de alguna manera hemos contemplado su trayectoria, su camino recorrido. Nos preguntamos dónde y cuándo fue que comenzó esa fractura de su relación con el mundo.
La cultura nicaragüense, las nuevas generaciones sufrimos una gran pérdida, son pocos los jóvenes que están interesados en dedicarse al oficio de la escritura y a la promoción de la cultura. Francisco era un incansable promotor cultural.
Francisco es hoy otro ser que se agrega a la galería de jóvenes inmolados en un mundo que se les muestra hostil y es incapaz de comprender sus necesidades y sus anhelos. Independientemente de las diferencias ideológicas que nos distanciaron en vida, lamento la pérdida de un joven destacado, dedicado a la escritura y al amor por la cultura. Lamento y lloro su partida y que no me haya dado la oportunidad de ofrecerle mi mano y mi solidaridad.

Managua, Nicaragua
Enero 2011.

El Nuevo Diario - Managua, Nicaragua - 15 de enero de 2011